Jean Starobinski: Las concepciones de Chales Blondel
Fragmento de "Breve historia de la consciencia del cuerpo", de Jean Starobinski (tomado de http://www.elseminario.com.ar/biblioteca/Starobinski_Conciencia_cuerpo.htm )
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Charles Blondel (1876-1939) pasó a la posteridad fundamentalmente por haber publicado en 1924 una suerte de panfleto titulado “La psychanalyse”, que fue recibido de manera favorable por muchos de sus contemporáneos pero que, en la actualidad, puede considerarse poco inspirado (cf. Cap. 7, parágrafo “Introducción del psicoanálisis en Francia : debates y controversias”). Esta escueta visión hace olvidar el impacto que tuvo su obra en el período entre las dos guerras, en particular, su tesis defendida en 1914 sobre la “conciencia mórbida” y la concepción profundamente novedosa de la enfermedad mental que en ella desarrolla.
Filósofo y médico psiquiatra, Blondel lleva el sello de las dos corrientes dominantes en Francia en las postrimerías del siglo XIX : la filosofía de Bergson y la sociología de Durkheim, continuada por los trabajos de Lucien Lévy-Bruhl sobre la mentalidad primitiva. La originalidad de Blondel radica en la aplicación constante de ambas en psicopatología, aunque a través del tiempo la influencia de la sociología se vuelve predominante sobre la de la filosofía. En el momento en que los psiquiatras franceses se interesan cada vez más por el psicoanálisis y la fenomenología para tratar de comprender el enigma de la enfermedad mental (cf. Cap.7, parágrafo “Psicología, fenomenología y ciencias humanas”), Charles Blondel instala, de esta manera, una nueva y polémica perspectiva al sugerirles basarse en la sociología.
Interno en la Salpêtrière en el servicio del profesor Deny, uno de los primeros en Francia en recibir y difundir las ideas de Kraepelin, Blondel tiene ocasión de reunir allí el material para su tesis de filosofía, que se hará famosa: La Conscience morbide. Essai de psychopathologie générale [Blondel, 1919]. Tesis que defiende en 1914 ante un jurado prestigioso compuesto por Lévy-Bruhl, Delbos, Picavet, Dumas, Lalande y Delacroix. Es muy notoria en este trabajo la influencia de Léy-Bruhl. Coincidente con él, Blondel afirma que no se puede seguir midiendo al primitivo con la misma vara que al civilizado, ni al enfermo mental con la misma vara que al sano. Cada uno presenta una estructura de pensamiento y una mentalidad específicas, que deben ser entendidas según el método durkhemiano. Es conveniente evitar la “intropatía” (en lenguaje actual “empatía”) y observar a los alienados desde “afuera” sin olvidar, como por otra parte sostenía Durkheim, que se trata de una exigencia de método y que al igual que los hechos sociales, los sujetos no son cosas.
Esta concepción hace, también, tabla rasa del principio del método patológico que sostiene que no hay diferencia de naturaleza entre lo normal y lo patológico. Blondel formula la hipótesis inversa: la conciencia mórbida posee heterogeneidad, especificidad y originalidad. Siguiendo a Durkheim, sostiene que lo esencial de nuestra vida mental proviene de la sociedad. Ahora bien, el enfermo mental sufre porque las palabras que emplea, los cuadros emocionales comprendidos y admitidos por todos ya no corresponden a su experiencia íntima. Es como si hubiera perdido la clave de todo lo que realiza la conciencia socializada: los modos de pensar, de sentir y de actuar colectivos, que aseguran la comprensión entre los hombres. El alienado se halla, entonces, retirado de la comunidad, aislado, autista -acá Blondel retoma la concepción de Bleuler-, presa del misterio y la angustia de lo desconocido. ¿Qué le queda, entonces, al individuo cuando la conciencia social lo ha abandonado? “Psiquismo puro” -enuncia Blondel siguiendo a Bergson, una conciencia que no es ni espacial, ni socializada, una conciencia reducida a la cenestesia, es decir al conjunto de sensaciones internas, puesto que el delirio no es otra cosa que el intento de dominar la angustia engendrada por la extrañeza de los mensajes que vienen desde el cuerpo.
El jurado recibió la tesis de Blondel con admiración por su carácter brillante e innovador pero con reservas, si nos atenemos al dictamen publicado en 1914 en La Revue de métaphysique et de morale. Georges Dumas reprocha al postulante de exagerar, por motivos de su argumentación, las contradicciones de la conciencia mórbida, de exagerar también la coherencia de la conciencia normal y de insistir demasiado en el aspecto sociológico de las emociones. Delacroix lo acusa de presentar en forma incomprensible tanto el pasaje de lo psicológico a lo social, como el de lo normal a lo patológico. De todas esas críticas, resulta que Blondel, para apuntalar su tesis, rechaza lo subjetivo, endurece las oposiciones entre individuo y sociedad, entre lo normal y lo patológico. Blondel termina por admitir, frente a sus detractores, que existe una continuidad de lo normal a lo anormal, pero que eso no impide poner el acento sobre las diferencias. Georges Dumas evocará esos reparos en su Traité de psychologie, lo que no impedirá, por otra parte, que solicite a su amigo Blondel la redacción de los capítulos consagrados a la volición y a la personalidad.
Once años después de su tesis, en el Journal de psychologie normale et pathologique [1925], Blondel retoma esas hipótesis en un artículo titulado “Psychologie pathologique et sociologie”, que constituye a la vez un llamado a sus colegas psiquiatras y una respuesta al artículo que Mauss publica en 1924 (cf. Cap. 7, parágrafo “La psicología y la sociología : ¿qué esperan los sociólogos de los psicólogos?”) La pregunta ya no es “¿qué esperan los sociólogos de los psicólogos?” sino “¿qué pueden esperar los médicos alienistas de la sociología?” Blondel advierte seriamente sobre el riesgo de extender su teoría, llevando a concebir la enfermedad mental como una regresión a la mentalidad primitiva, prelógica, lo que parece creer Mauss siguiendo a otros psiquiatras y al propio Freud. Si bien Lévy-Bruhl pudo demostrar que hay varias mentalidades colectivas y que, por ejemplo, el pensamiento primitivo y el pensamiento civilizado se diferencian en muchos puntos, ambos pensamientos son normales en el seno de su propia cultura y, más que nada, son mentalidades colectivas. Nada de eso ocurre con la conciencia mórbida que, según Blondel, es esencialmente individual: las manifestaciones psicopáticas no constituyen nunca nada que pueda parecerse a una mentalidad colectiva. Por ese hecho, resulta muy difícil hacer con ella una ciencia, puesto que sólo hay ciencia de lo general; como mucho podría hacerse su historia. Blondel enuncia aquí lo que para él determina la imposibilidad de hacer una verdadera psicología patológica. El único medio del que dispone el psiquiatra es finalmente recurrir a la nosografía, que se ha esforzado en agrupar los caracteres comunes a ciertas patologías. Si bien Lévy-Bruhl eligió como marco la clasificación de las sociedades, el psiquiatra no tiene otro ámbito que el de la clasificación de las entidades mórbidas. Este enorme desvío a través de la sociología conduce finalmente a Blondel, al penoso regreso a una clínica médica reducida a la nosografía. Concluye recordando, de acuerdo con Mauss, la “necesidad de una actitud nueva en psicología. No hay prueba más contundente de la existencia de esa necesidad que el éxito del psicoanálisis” [p.355]. Blondel tiene entonces un mínimo acuerdo con Freud sobre la idea de que todo está por hacerse, pero una vez más recuerda en qué se diferencia su método del de los freudianos. Blondel sólo intenta proporcionar una explicación de los trastornos mórbidos que respete su carácter patológico, su extrañeza, su originalidad y que no los haga desaparecer a fuerza de interpretarlos.
En adelante, la principal preocupación de Charles Blondel, se refiere a la vinculación entre lo psicológico y lo social, apuntando así a la construcción de una psicología colectiva. Publica un breve trabajo, Introduction à la psychologie collective [1928], donde intenta establecer las bases de esa nueva disciplina. El estudio de los procesos psíquicos y de sus lazos con la vida colectiva ha sido abordado, desde fines del siglo anterior, por muchos investigadores, bajo muchas denominaciones: interpsicología, psicología social, etc. Pero el proyecto de Blondel es más ambicioso. Lejos de ser sólo una rama de la psicología, la psicología colectiva debe constituir “su centro y su nudo” [Blondel, 1928, p.5]. Como lo ha demostrado Durkheim, lo social no está condicionado por lo psicológico, sino a la inversa. Lo social está, por lo tanto, en el centro de todos los hechos mentales: del pensamiento, de la memoria, y sobre todo, de la vida afectiva. Gran parte de este opúsculo, por otra parte, está dedicada a la dimensión social de los sentimientos, de las emociones, de las voliciones. Este libro marcará profundamente a Lucien Febvre, quien lo cita a menudo, e inspirará buena parte de las reflexiones del historiador sobre la vida afectiva.
Histoire de la psychologie en France. XIXe-XXe siècles, Paris, La Découverte, 2006, cap. 6, “Psychologie et psychologues dans l´entre-deux guerres”.
Traducción: Elizabeth Sowery Cartier. Trabajo final de Residencia en Traducción, IES en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández", Buenos Aires, bajo la tutoría de la Prof. Nilda Veinticinque.][In : Critique, « MICHEL FOUCAULT : du monde entier », n° 471-472, août-septembre 1986, p. 753-774]. (Ce texte a été rédigé à l’occasion du colloque sur Foucault qui s’est tenu en avril 1985 à l’Université de Sao Paulo ; il a été publié en langue brésilienne dans le Recueil des actes de ce colloque : Recordar Foucault, réalisé par Renato Janine Ribeiro et édité par Editora Brasiliense en 1985). [source]
L’Histoire de la folie paraît en 1961 : c’est le premier ouvrage théorique important de Foucault, et le point de départ effectif de toutes ses investigations ultérieures. En 1962, les « Presses universitaires de France » rééditent sous un nouveau titre : Maladie mentale et psychologie, et dans une version considérablement remaniée, un petit ouvrage qui avait été publié par Foucault en 1954, dans la collection « Initiation philosophique » dirigée par jean Lacroix, Maladie mentale et personnalité. Si l’on veut faire l’archéologie de la pensée de Foucault, c’est à ce dernier livre qu’il faut remonter, pour connaître l’état initial de ses réflexions sur la maladie mentale et la folie. La comparaison entre les deux versions de ce texte, celle de 54 et celle de 62, est riche en enseignements : elle permet de mesurer le chemin que Foucault a dû parcourir avant de s’engager dans la démarche complètement originale qu’il allait suivre ensuite pendant une vingtaine d’années, jusqu’à L’histoire de la sexualité de 1984 ; surtout, à travers cette rectification théorique d’un texte primitif, opérée à la lumière des découvertes exposées par ailleurs dans l’Histoire de la folie, elle fait ressortir les caractères spécifiques de la nouvelle problématique à partir de laquelle ces découvertes ont été possibles ; enfin elle permet aussi de voir dans quelles limites reste maintenue, au début des années soixante, l’interprétation proposée par Foucault de ces pratiques et savoirs de l’homme qui vont, jusqu’à la fin de son oeuvre, constituer l’objet de son étude.
Les allographes sont des procédés pour écrire différemment des mots. On transcrit un mot ou une phrase par des homonymes. Le terme allographe est néanmoins polysémique, il peut désigner aussi quelqu'un qui écrit dans une autre langue, cet autre sens qui existe dans l'enseignement ou dans la traduction. Il en existe un troisième pour la paléographie ou l'étude des manuscrits : écriture par un tiers dans un texte.
Voici des allographes reposant sur une homophonie :
— La rue meurt de la mer. Île faite en corps noirs. (Jean Cocteau). Il faut lire : La rumeur de la mer. Il fait encore noir.
— Sceau d'hommes égaux morts
seaux d'eau mégots morts. (Prévert.)
L'allographe débouche sur le jeu des vers holorimes ou qui riment sur la totalité du vers.
Ces allographes lexicaux peuvent jouer seulement sur la paronymie ou ressemblance de sons :
— Existence devient aiguesistence pour les poissons, ogresistence pour les homards, ou eggsistence pour la vie en coquille. (Raymond Queneau.)
Ils peuvent être bilingues et reposer sur un à-peu-près : butte ouaille, œuf corse (San-Antonio), sot rit, Saint-Cloud Paris-Match (San-Antonio).
Les allographes peuvent être aussi constitués de signes (lettres, chiffres, notes) qui sont lus avec leur nom conventionnel et pas avec leur valeur symbolique, ce qui permet de construire un mot. Chacun des signes n'a pas de sens en lui-même, au contraire du sigle et de l'abréviation : HT peut être un allographe pour « acheter » (deux consonnes pour les syllabes phonétiques d'un seul mot) ou une abréviation pour « hors-taxe » (deux premières lettres seulement et non pour leur nom épelé). Le sigle est le contraire même de l'allographe, sauf sur un point : il faut aussi épeler. Pour l'allographe, on lit les fausses abréviations de sons. On construit des mots à partir d'une autre lecture : l'épellation des lettres. On peut considérer que les rébus sont des allographes.
Nous allons distinguer les différents allographes :
Allographes alphabétiques :
AID KN N É O PI DIN É LIA ÉT LV.
L SMIT AT.
LI ZLHOP OQP HAUT AVQO AB A HR LUK EVK C.
Alphonse Allais.
ABI ABI
G AC CD ME OBI
É WQ RÉV FUI
OJVMO MIL MR
ABI ABI
LN MA FY LHR LÉT...
Louise de Vilmorin.
LNAHO OLHOLNA LAOTCO LCABC GCD...
Michel Polnareff.
O.T.É. F.A.C.
L.É.O. 4 I.M. C. A. C. L. V. É. 13 É. 3. C.A.C... J.V. +
Allographes musicaux :
Do mi si la do ré
Allographes mathématiques ou numériques :
3AB OQP HIÉ
—————— = 3QBC
3 (pi) R²
Ces allographes se combinent le plus souvent avec des lettres. Ils rentrent dans des formes d'abréviations ou dans ce que l'on nomme le langage texto ou SMS. Par exemple :
A1 2 C4
7wa
10 moi 8
Je 9 veux pas
4rine
4U, en anglais : for (four) you
2U, en anglais : to (two) you
Allographes abréviatifs, semi-abréviatifs, faux sigles :
Certaines graphies sont des allographes alphabétiques complets et de faux sigles à lire en épelant :
les groupes musicaux INXS, XTC, U2, 2B3. Mais l'abréviation peut reposer parfois sur l'épellation d'une lettre et non sur sa valeur phonétique.
Les demi-abréviations sont courantes en anglais : Xpost, Xroad, Xpedestrians, xing. Mais leur lecture est très différente. Il s'agit d'une abréviation pour « cross » alors que le Xmas contient le khi grec de Christ. Les X
représentent alors des mots complets différents.
Dans le cas d'Xtra, on a un allographe partiel puisque la valeur de la lettre est celle de son épellation en anglais, tout comme dans Windows XP (mais avec abréviation par apocope pour « expe(rience) ». Xtra donne d'ailleurs l'abréviation complète dans les indications de taille XL (Xtra large). Le X peut aussi signifier
« extended » : le langage XTML. Il en existe un grand nombre en informatique à partir de ce sens. On a alors affaire à un déplacement de la siglaison puisque ce n'est plus la première lettre du mot qui contient le sens, mais la lettre qui correspond à une épellation homophonique de la première syllabe. Le jeu est à plusieurs niveaux.
L'allographe se combine avec de véritables abréviations :
— Fu2, ou « follow-up to », en français « suivi à ».
— P2P, ou « peer to peer », littéralement « de pair à pair ».
The Study of Man established Linton as one of anthropology's premier theorists, particularly amongst sociologists who worked outside of the Boasian mainstream. As a result, Linton was invited to succeed Boas as the chair of the department of anthropology at Columbia in 1937. His appointment was contentious—the Boasian heir-apparent was Ruth Benedict and Linton's appointment by the president met considerable resistance within the department. Throughout this early period Linton became interested in the problem of acculturation, working with Robert Redfield and Melville Herskovits on a prestigious Social Science Research Council subcommittee of the Committee on Personality and Culture. The result was a seminal jointly-authored piece entitled Memorandum for the Study of Acculturation (1936). Linton also obtained money from the Works Progress Administration for students to produce work which studied acculturation. The volume Acculturation in Seven American Indian Tribes is an example of the work in this period, and Linton's contributions to the volume remain his most influential writings on acculturation. Linton's interest in culture and personality also expressed itself in the form of a seminar he organized with Abraham Kardiner at the New York Psychoanalytic Institute.
http://www.archive.org/details/studyofman031904mbp
Between 1945 and 1953, while the Soviet Union confronted postwar reconstruction and Cold War crises, its unchallenged leader Joseph Stalin carved out time to study scientific disputes and dictate academic solutions. He spearheaded a discussion of "scientific" Marxist-Leninist philosophy, edited reports on genetics and physiology, adjudicated controversies about modern physics, and wrote essays on linguistics and political economy. Historians have been tempted to dismiss all this as the megalomaniacal ravings of a dying dictator. But in Stalin and the Soviet Science Wars, Ethan Pollock draws on thousands of previously unexplored archival documents to demonstrate that Stalin was in fact determined to show how scientific truth and Party doctrine reinforced one another. Socialism was supposed to be scientific, and science ideologically correct, and Stalin ostensibly embodied the perfect symbiosis between power and knowledge.
Focusing on six major postwar debates in the Soviet scientific community, this elegantly written book shows that Stalin's forays into scholarship can be understood only within the context of international tensions, institutional conflicts, and the growing uncertainty about the proper relationship between scientific knowledge and Party-dictated truths. The nature of Stalin's interventions makes clear that more was at stake than high politics: these science wars were about asserting that the Party was rational and modern, and about codifying the Soviet worldview in a battle for the hearts and minds of people around the globe during the early Cold War. Ultimately, however, the effort to develop a scientific basis for Soviet ideology undermined the system's legitimacy.
Ethan Pollock is Assistant Professor of History at Brown University.
Reviews and first chapter on Princeton Press
Après la mort de Staline, le Comité central du Parti a commencé à appliquer une politique tendant à expliquer brièvement, mais d'une façon positive, qu'il était intolérable et étranger à l'esprit du marxisme-léninisme d'exalter une personne et d'en faire un surhomme doté de qualités surnaturelles à l'égal d'un dieu. Un tel homme est supposé tout savoir, penser pour tout le monde, tout faire et être infaillible.
Ce sentiment à l'égard d'un homme, et singulièrement à l'égard de Staline, a été entretenu parmi nous pendant de nombreuses années. [lire le texte]
"Le poète ne retient pas ce qu’il découvre ; l’ayant transcrit, le perd bientôt. En cela réside sa nouveauté, son infini et son péril"
René Char, La Bibliothèque est en feu (1956)
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