Nov 10, 2010

Charles Blondel (1876-1939) pasó a la posteridad fundamentalmente por haber publicado en 1924 una suerte de panfleto titulado “La psychanalyse”, que fue recibido de manera favorable por muchos de sus contemporáneos pero que, en la actualidad, puede considerarse poco inspirado (cf. Cap. 7, parágrafo “Introducción del psicoanálisis en Francia : debates y controversias”). Esta escueta visión hace olvidar el impacto que tuvo su obra en el período entre las dos guerras, en particular, su tesis defendida en 1914 sobre la “conciencia mórbida” y la concepción profundamente novedosa de la enfermedad mental que en ella desarrolla.

Filósofo y médico psiquiatra, Blondel lleva el sello de las dos corrientes dominantes en Francia en las postrimerías del siglo XIX : la filosofía de Bergson y la sociología de Durkheim, continuada por los trabajos de Lucien Lévy-Bruhl sobre la mentalidad primitiva. La originalidad de Blondel radica en la aplicación constante de ambas en psicopatología, aunque a través del tiempo la influencia de la sociología se vuelve predominante sobre la de la filosofía. En el momento en que los psiquiatras franceses se interesan cada vez más por el psicoanálisis y la fenomenología para tratar de comprender el enigma de la enfermedad mental (cf. Cap.7, parágrafo “Psicología, fenomenología y ciencias humanas”), Charles Blondel instala, de esta manera, una nueva y polémica perspectiva al sugerirles basarse en la sociología.

Interno en la Salpêtrière en el servicio del profesor Deny, uno de los primeros en Francia en recibir y difundir las ideas de Kraepelin, Blondel tiene ocasión de reunir allí el material para su tesis de filosofía, que se hará famosa: La Conscience morbide. Essai de psychopathologie générale [Blondel, 1919]. Tesis que defiende en 1914 ante un jurado prestigioso compuesto por Lévy-Bruhl, Delbos, Picavet, Dumas, Lalande y Delacroix. Es muy notoria en este trabajo la influencia de Léy-Bruhl. Coincidente con él, Blondel afirma que no se puede seguir midiendo al primitivo con la misma vara que al civilizado, ni al enfermo mental con la misma vara que al sano. Cada uno presenta una estructura de pensamiento y una mentalidad específicas, que deben ser entendidas según el método durkhemiano. Es conveniente evitar la “intropatía” (en lenguaje actual “empatía”) y observar a los alienados desde “afuera” sin olvidar, como por otra parte sostenía Durkheim, que se trata de una exigencia de método y que al igual que los hechos sociales, los sujetos no son cosas.

Esta concepción hace, también, tabla rasa del principio del método patológico que sostiene que no hay diferencia de naturaleza entre lo normal y lo patológico. Blondel formula la hipótesis inversa: la conciencia mórbida posee heterogeneidad, especificidad y originalidad. Siguiendo a Durkheim, sostiene que lo esencial de nuestra vida mental proviene de la sociedad. Ahora bien, el enfermo mental sufre porque las palabras que emplea, los cuadros emocionales comprendidos y admitidos por todos ya no corresponden a su experiencia íntima. Es como si hubiera perdido la clave de todo lo que realiza la conciencia socializada: los modos de pensar, de sentir y de actuar colectivos, que aseguran la comprensión entre los hombres. El alienado se halla, entonces, retirado de la comunidad, aislado, autista -acá Blondel retoma la concepción de Bleuler-, presa del misterio y la angustia de lo desconocido. ¿Qué le queda, entonces, al individuo cuando la conciencia social lo ha abandonado? “Psiquismo puro” -enuncia Blondel siguiendo a Bergson, una conciencia que no es ni espacial, ni socializada, una conciencia reducida a la cenestesia, es decir al conjunto de sensaciones internas, puesto que el delirio no es otra cosa que el intento de dominar la angustia engendrada por la extrañeza de los mensajes que vienen desde el cuerpo.

El jurado recibió la tesis de Blondel con admiración por su carácter brillante e innovador pero con reservas, si nos atenemos al dictamen publicado en 1914 en La Revue de métaphysique et de morale. Georges Dumas reprocha al postulante de exagerar, por motivos de su argumentación, las contradicciones de la conciencia mórbida, de exagerar también la coherencia de la conciencia normal y de insistir demasiado en el aspecto sociológico de las emociones. Delacroix lo acusa de presentar en forma incomprensible tanto el pasaje de lo psicológico a lo social, como el de lo normal a lo patológico. De todas esas críticas, resulta que Blondel, para apuntalar su tesis, rechaza lo subjetivo, endurece las oposiciones entre individuo y sociedad, entre lo normal y lo patológico. Blondel termina por admitir, frente a sus detractores, que existe una continuidad de lo normal a lo anormal, pero que eso no impide poner el acento sobre las diferencias. Georges Dumas evocará esos reparos en su Traité de psychologie, lo que no impedirá, por otra parte, que solicite a su amigo Blondel la redacción de los capítulos consagrados a la volición y a la personalidad.

Once años después de su tesis, en el Journal de psychologie normale et pathologique [1925], Blondel retoma esas hipótesis en un artículo titulado “Psychologie pathologique et sociologie”, que constituye a la vez un llamado a sus colegas psiquiatras y una respuesta al artículo que Mauss publica en 1924 (cf. Cap. 7, parágrafo “La psicología y la sociología : ¿qué esperan los sociólogos de los psicólogos?”) La pregunta ya no es “¿qué esperan los sociólogos de los psicólogos?” sino “¿qué pueden esperar los médicos alienistas de la sociología?” Blondel advierte seriamente sobre el riesgo de extender su teoría, llevando a concebir la enfermedad mental como una regresión a la mentalidad primitiva, prelógica, lo que parece creer Mauss siguiendo a otros psiquiatras y al propio Freud. Si bien Lévy-Bruhl pudo demostrar que hay varias mentalidades colectivas y que, por ejemplo, el pensamiento primitivo y el pensamiento civilizado se diferencian en muchos puntos, ambos pensamientos son normales en el seno de su propia cultura y, más que nada, son mentalidades colectivas. Nada de eso ocurre con la conciencia mórbida que, según Blondel, es esencialmente individual: las manifestaciones psicopáticas no constituyen nunca nada que pueda parecerse a una mentalidad colectiva. Por ese hecho, resulta muy difícil hacer con ella una ciencia, puesto que sólo hay ciencia de lo general; como mucho podría hacerse su historia. Blondel enuncia aquí lo que para él determina la imposibilidad de hacer una verdadera psicología patológica. El único medio del que dispone el psiquiatra es finalmente recurrir a la nosografía, que se ha esforzado en agrupar los caracteres comunes a ciertas patologías. Si bien Lévy-Bruhl eligió como marco la clasificación de las sociedades, el psiquiatra no tiene otro ámbito que el de la clasificación de las entidades mórbidas. Este enorme desvío a través de la sociología conduce finalmente a Blondel, al penoso regreso a una clínica médica reducida a la nosografía. Concluye recordando, de acuerdo con Mauss, la “necesidad de una actitud nueva en psicología. No hay prueba más contundente de la existencia de esa necesidad que el éxito del psicoanálisis” [p.355]. Blondel tiene entonces un mínimo acuerdo con Freud sobre la idea de que todo está por hacerse, pero una vez más recuerda en qué se diferencia su método del de los freudianos. Blondel sólo intenta proporcionar una explicación de los trastornos mórbidos que respete su carácter patológico, su extrañeza, su originalidad y que no los haga desaparecer a fuerza de interpretarlos.

En adelante, la principal preocupación de Charles Blondel, se refiere a la vinculación entre lo psicológico y lo social, apuntando así a la construcción de una psicología colectiva. Publica un breve trabajo, Introduction à la psychologie collective [1928], donde intenta establecer las bases de esa nueva disciplina. El estudio de los procesos psíquicos y de sus lazos con la vida colectiva ha sido abordado, desde fines del siglo anterior, por muchos investigadores, bajo muchas denominaciones: interpsicología, psicología social, etc. Pero el proyecto de Blondel es más ambicioso. Lejos de ser sólo una rama de la psicología, la psicología colectiva debe constituir “su centro y su nudo” [Blondel, 1928, p.5]. Como lo ha demostrado Durkheim, lo social no está condicionado por lo psicológico, sino a la inversa. Lo social está, por lo tanto, en el centro de todos los hechos mentales: del pensamiento, de la memoria, y sobre todo, de la vida afectiva. Gran parte de este opúsculo, por otra parte, está dedicada a la dimensión social de los sentimientos, de las emociones, de las voliciones. Este libro marcará profundamente a Lucien Febvre, quien lo cita a menudo, e inspirará buena parte de las reflexiones del historiador sobre la vida afectiva.

Blondel permaneció muchos años como profesor en Estrasburgo, donde fue colega y amigo de los historiadores Marc Bloch y Lucien Febvre, y recién en 1937, fue designado profesor de psicología en la Sorbona. No fue precisamente por haber sido contrario al psicoanálisis que su carrera universitaria se vio truncada, sino tal vez, por haber sido un psicólogo demasiado cercano a los sociólogos y propenso a cederles un territorio demasiado vasto. En su Psychologie collective, el autor propone, por ejemplo, esta jerarquización de las disciplinas inspirada según su interpretación de Auguste Comte: “Las ciencias que se ocupan de la mente humana, de sus manifestaciones, de sus causas y efectos deben clasificarse en el siguiente orden: psicofisiología, psicología colectiva, psicología individual” [ibíd., p.11]. Por último, Blondel ha sido reconocido por los sociólogos y los historiadores, tanto o más que por los psicólogos. Se vio enfrentado en todos los casos a la posición dominante de la psicología patológica, representada por Pierre Janet y Georges Dumas. Así se explica que, cuando promediando los años 30, se constituyó una efímera Sociedad de psicología colectiva, la presidencia recayera en Janet y no en él.

[Fuente:
El Seminario

Histoire de la psychologie en France. XIXe-XXe siècles, Paris, La Découverte, 2006, cap. 6, “Psychologie et psychologues dans l´entre-deux guerres”.

Traducción: Elizabeth Sowery Cartier. Trabajo final de Residencia en Traducción, IES en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández", Buenos Aires, bajo la tutoría de la Prof. Nilda Veinticinque.]

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