Nov 10, 2010

...conviene dedicar un momento de atención a la teoría expuesta por Charles Blondel, en 1914, en "La conciencia mórbida". (Médico y filósofo, Charles Blondel sigue primero las enseñanzas de Durkheim y de Bergson; tras la guerra, escribe uno de los primeros estudios importantes sobre Proust y dedica al psicoanálisis una obra apresurada y decepcionante). En "La conciencia mórbida", Blondel opone a la «teoría periférica» un poder activo y este poder activo es el lenguaje. No porque sea inexistente el mensaje cenestésico: pero lo que explica los trastornos de la conciencia mórbida no es su supuesta perturbación. Según Blondel, una teoría puramente fisiológica no es apta para dar cuenta de los fenómenos observados por el clínico. Las «masas cenestésicas» (que también llama lo «psicológico puro») no determinan por sí solas la enfermedad mental: el factor «mórbido» reside por entero en la insuficiencia de la respuesta verbal a las percepciones corporales -respuesta que el individuo elabora en el acto de pensamiento por medio de las herramientas lingüísticas que ha recibido de la sociedad. Al observar, como lo había hecho Dupré en sus estudios sobre las cenestopatías, que los enfermos hacen un alarde de fórmulas metafóricas para describir sus síntomas, Blondel localiza la anomalía no en el contenido (supuestamente neutro) de la información nerviosa corporal, sino en un defecto de la «acción eliminadora» que tendría que haber resultado de la intervención favorable del lenguaje.

La conciencia normal, según Blondel, elimina lo individual, lo «psicológico puro», al poner en acción los conceptos y herramientas interpretativas ofrecidas por el sistema de las representaciones colectivas. La ley del lenguaje, que es el resultado de un aprendizaje social, tiene como función impersonalizar la expresión que damos de nuestros estados individuales. Blondel cita a este respecto un pasaje revelador de Durkheim: «Hay realmente una parte de nosotros mismos que no está situada bajo la dependencia inmediata del factor orgánico: es todo lo que, en nosotros, representa a la sociedad. Las ideas generales que la religión o la ciencia graban en nuestras mentes, las operaciones mentales que suponen esas ideas, las creencias y los sentimientos que se hallan en la base de nuestra vida moral, todas esas formas superiores de la actividad psíquica que la sociedad despierta y desarrolla en nosotros no van a remolque del cuerpo, como nuestras sensaciones y nuestros estados cenes-tésicos. Es que [...] el mundo de las representaciones en el cual se desarrolla la vida social se sobreañade a su sustrato material, en lugar de proceder de él».

De todo ello, Blondel deduce que la conciencia normal es una conciencia en la que el dato cenestésico está dominado y reprimido por el sistema impersonal del discurso socializado. Al creer afirmar su yo, en realidad, el individuo racional hace triunfar las normas colectivas. La conciencia mórbida, incapaz de utilizar el lenguaje como lo ordena la instancia colectiva, es una conciencia sumida en lo individual cenestésico, en lo no-verbal o lo pre-verbal que el uso de las más atrevidas metáforas no consigue llevar a la expresión. Blondel no deja de destacar el carácter poético de esos intentos: es dar a entender que la poesía es refractaria a las normas sociales, que se sitúa en los aledaños de lo «psicológico puro», que tiene algo en común con la «conciencia mórbida»...

No es pues el cuerpo quien impone su ley a la conciencia. Es la sociedad quien, por mediación del lenguaje, toma el mando de la conciencia, e imprime su ley al cuerpo. La teoría de Blondel tiende a excluir el cuerpo, como fuente causal, para volver a encontrarlo más tarde como agente de las intenciones expresivas que le impone el individuo bajo el dictado de la conciencia colectiva. Por eso vemos cómo se desplaza el interés del cuerpo según la fisiología (esencialmente productor de informaciones internas destinadas a ser filtradas por el lenguaje) al cuerpo según la sociedad (esencialmente efectuador de mensajes portadores de significado, según el código y las reglas de la colectividad). Las prescripciones sociales no imponen sólo el lenguaje, sino también las manifestaciones corporales no verbales; no hay nada, en las líneas que siguen, que no pueda ser suscrito y aprobado por los sociólogos o por los «paralingüistas» que nos hablan hoy del «cuerpo como medio de expresión»:

«Para la expresión motriz y vasomotora de nuestros estados anímicos estamos sordamente preocupados por encontrar la nota justa, por realizar la mímica, regulada y definida por los usos y conveniencias, que correspondan a la emoción-patrón a la que se refiere nuestra propia emoción. Desde este punto de vista, la mímica parece haber recibido, por decirlo así, de la colectividad su morfología y su sintaxis [...]. Pensándolo bien, no existe ni una sola de nuestras manifestaciones motrices que no esté así más o menos estrictamente definida y con respecto a la cual no exista un modelo colectivo. Es decir, un concepto motor, al que tiene que adecuarse»

Fragmento de "Breve historia de la consciencia del cuerpo", de Jean Starobinski (tomado de http://www.elseminario.com.ar/biblioteca/Starobinski_Conciencia_cuerpo.htm )

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